jueves, 20 de noviembre de 2008

Amanecer

La Luz. Esa luz que se filtra a través de las cortinas, que me muestra un nuevo día que en nada se va a diferenciar del anterior. ¿Por qué los ángeles han dado la espalda a toda su creación? ¿Acaso están en el Sol porque su luz los enamoró más que nosotros? A mi no me gusta el sol, y odio el momento en el que amanece. La noche me ofrece el momento de respiro que necesito, me invita a reflexionar sobre mi pasado, mi presente y un futuro que no tengo muy claro si voy a vivir. Prefiero pasar horas de oscuridad, con única compañía de la luna, que salir bajo el sol. Si miro a mi pálida aliada, ella no me hará ningún daño, y la veré tan protectora como siempre. Pero si miro al Sol, este me cegará los ojos, porque no quiere que vea la luz, porque no quiere dejarse ver por nadie. ¿No es eso egoísta? Pueden sonar a las desvariaciones de un pobre chiflado que no tiene nada más que hacer, o puede que suene a una paranoia de un fotofóbico... pero en realidad, las cosas son sencillas, no porque aparenten ser complicadas tienen que ser una locura. Sólo hay que dedicarse a pensar durante esos pequeños momentos libres que tenemos, esos momentos en los que no sabemos qué hacer, y en los cuales nos cruzamos de brazos, sin hacer nada, mirando al vacío. Sinceramente creo que es mejor reflexionar sobre estos temas que no sacar nada de provecho de ese tiempo que a veces nos resultaría muy valioso.

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