

Y aquí estoy de nuevo, cantando mis penas a un libro que está en blanco, que jamás reflejará lo que ha pasado en mi corazón ni lo que podría llegar a pasar. Una noche fría como muchas otras, una de esas noches en las que echo de menos un corazón que lata al son del mío, que le de calor a mi alma maldita. El destino es cruel y despiadado, y por dos veces ha jugado ya sus cartas en contra mía. Donde antes había placer y alegría ahora hay sufrimiento y agonía, un dolor tan profundo que ni siquiera los que se acercan a mí, a mi cuerpo marchito por la pena, pueden soportar. Es duro reconocer que esta batalla ya la he dado por perdida, pero realmente los recuerdos no me hacen bien alguno, y no tengo esperanzas de poder ganar contra mi mala suerte. Hoy he dicho adiós a otro amor, a otra mentira que me aseguraba que me amaba y trataba de hacerme creer su embuste. Es curioso que después de todas las experiencias vividas, yo siga siendo tan imbécil como para caer en las garras de esta desdichada trampa. Y aquí vuelvo a estar solo, con lágrimas de tristeza reprimidas a causa de mi orgullo, que ya es lo único que me queda en el alma. Lágrimas que me piden que las deje correr y yo me niego temiendo herir ese honor que tanto me cuesta conservar con la cabeza bien alta. Y maldigo a las estrellas porque me miran impasibles, creyéndose incapaces de hacer nada por mí, de otorgarme ese pequeño fragmento de felicidad que tanto tiempo llevo pidiéndoles. ¿Por qué he sacrificado tanto mi corazón si al final del camino no hay nada que pueda consolarlo? Es duro perderlo todo, pero más duro aún es saber que una mentira ha sido la causa por la cual me lo han arrebatado. Y te echo de menos, porque es cierto que hace demasiado tiempo que partiste de mi lado, es cierto que intente olvidarte con ese otro que ni siquiera pudo amarme de verdad, pero en el fondo eres y serás el único amor que conquistó mi vida y después se la llevó a la tumba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario